www.edificiosaccesibles.es, concebida como un es- pacio divulgativo y de referencia. La web recoge el contenido audiovisual de la campaña y ofrece informa- ción práctica sobre accesibilidad, diagnósticos técnicos, marco normativo, ayudas económicas disponibles y soluciones constructivas aplicables en edificios exis- tentes. La iniciativa busca, además, combatir la baja concienciación social y la tendencia a abordar la acce- sibilidad de manera parcial o reactiva. Durante la presentación, el presidente del CGATE, Alfredo Sanz Corma, incidió en la dimensión ética y so- cial de la accesibilidad en la edificación. “Las viviendas no pueden convertirse en cárceles para quienes las ha- bitan”, afirmó, subrayando que cada decisión técnica tiene un impacto directo en la vida de las personas. En este sentido, defendió el papel de la Arquitectura Téc- nica como un verdadero “vehículo de igualdad”, capaz de aportar soluciones ajustadas, viables y adaptadas a las necesidades reales de la población. Tras la proyección del cortometraje, se celebró una mesa redonda en la que se abordaron distintos enfoques sobre la accesibilidad en los edificios residenciales. En ella, se puso de manifiesto el papel determinante de las comu- nidades de propietarios, donde se concentran gran parte de las dificultades para acometer intervenciones, ya sea por falta de consenso o por el impacto económico de las obras. La instalación o adaptación de un ascensor puede suponer una inversión significativa, con costes que osci- lan entre los 10.000 y los 40.000 euros en actuaciones de bajada a cota cero, y que pueden superar los 120.000 euros en el caso de un ascensor nuevo. A pesar de que la normativa vigente exige, desde 2017, la realización de ajustes razonables en materia de accesibilidad, la realidad demuestra que aún existen importantes barreras para su aplicación efectiva. La Ar- quitectura Técnica desempeña un papel clave tanto en la gestión de subvenciones como en la prescripción de so- luciones eficientes que eviten sobrecostes y garanticen la viabilidad técnica y económica de las intervenciones. CGATE / pROFESIÓN El entorno como factor discapacitante El entorno como factor discapacitante La accesibilidad no puede en-tenderse únicamente desde la óptica técnica o normativa; im-plica también un cambio profun-do en la forma en que la socie-dad percibe la discapacidad. Así lo subraya Carmen Fernández (en la imagen), arquitecta técni-ca de Fundación ONCE y emba-jadora del CGATE, quien insiste en la necesidad de visibilizar una realidad que, aunque conocida, sigue siendo ampliamente nor-malizada. Fernández señala que muchas personas con discapacidad han asumido históricamente las ba-rreras del entorno como una condición inevitable, cuando en realidad es el propio edificio el que las está limitando. “No es la persona la que no puede bajar a la ca-lle; es el entorno el que le está diciendo que no puede hacerlo porque se han colocado escaleras sin alternativa accesible”, explica. Esta acepta-ción forzada de la barrera, añade, contribuye a invisibilizar el problema y retrasa las soluciones. Desde esta perspectiva, la accesibilidad deja de ser una concesión para convertirse en una cuestión de justicia social. La arquitecta técnica de-fiende que las personas afectadas también deben reclamar su derecho a un entorno habitable y que el conjunto de la sociedad tome conciencia de que esta realidad no es ajena ni excepcional. “Esto nos puede pasar a cualquiera”, recuerda, en referencia al envejecimiento, a una lesión tem-poral o a una situación sobrevenida de movilidad reducida. Durante el acto de presentación del cortometraje, varios testimonios del público reforzaron esta idea. Uno de ellos relató la imposibilidad de ac-ceder a la vivienda de sus propias nietas por falta de accesibilidad en el edificio, una situación que Fernández califica como “especialmente dura” y que evidencia hasta qué punto las barreras arquitectónicas afectan a las relaciones personales y a la vida familiar. Este enfoque pone de relieve que la accesibilidad no debe abordarse únicamente cuando aparece una necesidad concreta, sino como una condición básica del entorno construido. Visibilizar estas situaciones, sacarlas del ámbito privado y trasladarlas al debate público, es un paso imprescindible para que la sociedad deje de “guardarlas en el bolsillo” y asuma que la falta de accesibilidad es un problema colectivo que requie-re respuestas técnicas, sociales y éticas.