hotel Pez Espada fue perdiendo protagonismo social, no sucediendo lo mismo en el ámbito puramente construc- tivo: en 1983, fue catalogado como edificio protegido en el Plan General de Ordenación Urbana de la localidad y, en 2006, fue declarado Bien de Interés Cultural. Pos- teriormente a esta declaración, este establecimiento se ha visto sometido a varias rehabilitaciones, destacando la llevada a cabo por el arquitecto Javier Alberro, en 2020, en la que se atajó la modernización de las insta- laciones para adaptarlas a los gustos y necesidades del turismo actual, tratando de conservar el valor histórico del edificio. Hito arquitectónico. Desde el punto de vista de la tipo- logía constructiva, el hotel Pez Espada ocupa un único bloque compacto de siete pisos, dispuesto en perpen- dicular a la línea de costa para no obstaculizar su visión, y articulado por una galería central que distribuye asi- métricamente las habitaciones a ambas fachadas. Este bloque se alza sobre un basamento de contorno irregu- lar, rodeado por grandes jardines, donde se encuentra la piscina de formas curvilíneas. La creación de un estilo elementos únicos Las formas, los materiales o la tipografía del luminoso ayudaron a crear un modelo arquitectónico a seguir para la industria del turismo. La creación de un estilo A finales de la década de los cincuenta y primeros sesenta del siglo XX, la Costa del Sol se convierte en uno de los principales destinos turísticos. España iniciaba su apertura al mundo y se precisaban infraestructuras a la altura de las expectativas de los visitantes. Había mucho por hacer: hoteles, apartamentos, restaurantes… Todo destinado al confort de esos visitantes atraídos por ese eslogan que decía que “Spain is different”. Que era diferente ya se decía. Quedaba demostrar que era moderna. Y para mostrar esa modernidad, el mejor canal fue la construcción. Los nuevos hoteles que se edifica-ban combinaban elementos opuestos, pero unidos por el racionalismo imperante en la época. A este estilo propio, de líneas sencillas basadas en formas geométricas simples conseguidas mediante el uso de materiales industriales (como acero, hormigón o vidrio) y con el diseño como gran protagonista, fue a lo que Diego Santos y Juan Antonio Ra-mírez denominaron, en 1987, “estilo del relax”. “El hotel Pez Espada, el del «mundo brillante». Donde empezó la bomba Torremolinos cuando sobre un playón desierto se erigió una estructura insólita y atrevida de un edi-ficio enorme, entonces, en la soledad: 8 pisos. El del mundo brillante”, escribió Ángel Palomino en su novela Torremolinos Gran Hotel, publicada en 1973, del primer estable-cimiento que sirvió de modelo para muchos de sus competidores.