I nnov AT un acercamiento consciente, amable y práctico a los nuevos entornos y herramientas digitales con los que el arquitecto técnico se enfrenta/enfrentará a su futuro profesional. Dado que este acercamiento se plantea de forma genérica, y no particulariza para ninguno de los perfiles profesionales específicos donde se puede en- contrar el arquitecto técnico, a continuación, se listan, de manera no exhaustiva y ordenadas de mayor a menor nivel de complejidad o madurez digital, las principales herramientas de estos entornos digitales. Correo electrónico y calendario. La principal incursión del mundo digital en nuestras vidas, tanto profesionales como personales, está propiciada por el ordenador que todos llevamos en el bolsillo. Parece obvio, pero una cuenta de correo electrónico convenientemente gestio- nada –con filtrado, categorizado de correos y automa- tización de acciones–, es clave, junto con un potente y actualizado registro de contactos, para la organización de un día a día que nos permita priorizar tareas, repro- gramarlas o directamente delegarlas. Se trata de una herramienta básica de comunicación muy utilizada y, aunque no es la más indicada por temas de trazabilidad y eficiencia, suele carecer de una organización más ri- gurosa que permita exprimir todo su potencial. Dentro del paquete de la aplicación de correo ele- gida, seguro que existe la posibilidad de integrar una agenda/calendario que nos permitirá, bajo los mismos criterios que en el caso anterior, tener un horizonte or- denado y trazable sobre nuestras actividades para po- der coordinar las visitas de obra, con convocatorias y respuestas automáticas de los intervinientes; y tener vinculación directa con la documentación generada en ellas simplifica de manera notable el proceso habitual de comunicaciones unipersonales. La nube como repositorio 24/7 o como segundo cere- bro. Al igual que en el mundo analógico, toda actividad deja un registro y, por tanto, genera una necesidad de almacenamiento. La primera ventaja del mundo digital es que ese registro ocupa un espacio físico infinitamente menor, que incluso, si así lo deseamos, puede ser des- localizado. Esta nube digital o “repositorio infinito” exige tam- bién un estricto orden en los criterios de archivado – estructura de carpetas, nomenclaturas, digitalización de documentos físicos…– pero lo que ofrece a cambio compensa con creces. Trasladar toda esa ingente infor- mación a un “segundo cerebro” que está disponible en cualquier momento supone una enorme ventaja. Explicar in situ cómo debe resolverse el encuentro de un vierteaguas a través de la fotografía de una obra an- terior o recuperar en tiempo real el detalle de un precio descompuesto permiten hacer mucho más productiva cualquier visita a obra. El trabajo colaborativo. Como consecuencia de las anteriores herramientas de comunicación y archivo, y debido a la idiosincrasia de nuestro sector, acabamos inmersos en una especie de trabajo colaborativo que, para estar convenientemente optimizado, necesita de protocolos claros a la hora de asignar y seguir tareas, compartir información, reportar incidencias o solucionar dudas. Esta no es más que la base metodológica desarro- llada por BIM – Building Information Modeling o Mode- lado de Información de la Construcción–, algo que, en realidad, ya debería formar parte de cualquier flujo de trabajo que implique un intercambio de información medianamente serio. Las infinitas soluciones informáticas comerciales ac- tuales posibilitan, en función de la complejidad de los proyectos y equipos, que todos estos flujos de trabajo se desarrollen de manera fluida, ordenada y trazable. Pero con una nube digital básica compartida y unos criterios claros de comunicación podría ser más que suficiente para empezar a pulir nuestros procesos, evitando conti- nuos envíos y reenvíos de archivos a través de correos electrónicos o llamadas para confirmar el avance de las tareas. Inteligencia artificial y trabajo delegado. Lo que hace unos años parecía ciencia ficción ya está entre noso- tros, la inteligencia artificial ha llegado para revolucionar nuestro día a día. La posibilidad de automatizaciones in- teligentes o del trabajo delegado muestran solamente el inicio de su enorme potencial, prometiendo librarnos de tareas repetitivas, sistemáticas o donde el valor añadido que podemos aportar resulte anecdótico. Es solo el comienzo del siguiente capítulo de esta revolución digital donde, de momento, sigue siendo ne- cesario formular las preguntas correctas si queremos obtener las respuestas deseadas y donde no podemos obviar revisar los resultados con sentido crítico/técnico para mantener, o al menos quedarnos con esa sensa- ción, el control del proceso. Si extrapolamos estas promesas a las herramientas anteriores, nos encontramos con que, más que sustituir- nos, la IA está ampliando nuestra capacidad de trabajo, lo que nos permitiría enfocarnos en aquello que real- mente requiere un criterio formado. Es decir, no podemos, o no deberíamos, confiar en que la IA haga por nosotros una tarea para la que no tuviéramos la capacidad de revisión. Parece una buena idea pedir a una IA que genere un comparativo de dis- tintos presupuestos o que redacte un acta de obra en base a las fotografías de la visita siempre y cuando sigas pudiendo filtrar el resultado final, pero no hay que ser tan optimista como para pensar que el resultado de un cálculo estructural delegado puede prescindir de la su- pervisión de un experto. La especialización y sus herramientas digitales. En un nivel superior podríamos englobar el resto de herramien- tas y procedimientos digitales específicos que requieren de unos conocimientos muy concretos. Actualmente, por ejemplo, no se puede analizar energéticamente un edificio sin recurrir a software especializado, o para rea- lizar un levantamiento gráfico de precisión necesitamos recurrir a equipos y procedimientos que requieren una infraestructura y entrenamiento previo. En estos casos, conviene no perder el foco, no tiene sentido, además de ser materialmente imposible, domi- nar todas las herramientas digitales existentes. Resulta estratégicamente más interesante nutrirse de una red profesional lo suficientemente solvente como para aco- meter cualquier tipo de desafío y apostar por dominar las herramientas que realmente forman parte de nuestra actividad principal. La integración. Para concluir, podríamos hablar de la integración de herramientas, siempre buscando las que mejor se adapten a nuestros flujos de trabajo y con el objetivo de crear un verdadero ecosistema digital pro- pio que garantice procesos pulidos, eficientes y lo más automatizados posible. Está integración requiere evidentemente de un mí- nimo equipamiento de hardware/software del que, en la mayor parte de los casos, ya disponemos – smartphone, ordenador, aplicaciones de correo electrónico, calenda- rio, repositorio en la nube…–, por lo que el verdadero reto es la forma en la que los usamos. Como hemos comentado necesitamos una metodología estricta que defina criterios claros para recopilar, ordenar y tratar la información recopilada y/o generada y, en última instan- cia, protocolos sobre cómo compartirla. Por último, y posiblemente como el punto más com- plejo en el proceso de digitalización, tenemos que abor- dar la integración de agentes en este ecosistema. No se trata simplemente de incluir a los perfiles más cercanos o análogos al flujo diseñado, se trata de hacer partícipe también a todos los agentes con repercusión real en el mismo, y eso no resulta precisamente fácil en muchos casos, especialmente si lo extrapolamos a las últimas fases del proceso constructivo. La continuidad, tanto transversal como vertical, del proceso resulta crucial. Tiene poco sentido que una fase notablemente digital como puede ser la redacción del proyecto muera en el despacho y acabemos empleando planos de papel desactualizados durante la ejecución de obra o que el instalador de climatización esté desco- nectado de las últimas modificaciones porque no está integrado en los canales digitales de comunicación. Digitalizar sí, pero con cabeza. El camino de la digita- lización no es un camino fácil, pero debe asumirse de manera natural dentro de una estrategia personal de mejora continua y como parte del inexorable reciclaje profesional que exige una profesión como la Arquitec- tura Técnica, y que, sin duda, conlleva indudables bene- ficios al permitirnos trabajar de manera más ordenada, focalizada y efectiva. También es importante remarcar que cada perfil pro- fesional requiere de un diferente grado de digitalización, de ahí la importancia del trabajo integrado en equipos pluridisciplinares. No es necesario dominar todas las herramientas como auténticos expertos, puede que úni- camente necesitemos tener claro cómo movernos en un repositorio digital y reportar incidencias en un entorno colaborativo, ya llegaremos, si hace falta, a pedirle a una IA agéntica que analice un archivo IFC para encontrar incumplimientos normativos. Para finalizar, remarcar el papel clave del arquitecto técnico dentro de un sector tan necesitado de digitaliza- ción y con perfiles, tecnológicamente hablando, tan dis- pares como es el de la construcción. En este contexto, la Arquitectura Técnica se debe postular como agente vertebrador y transmisor de herramientas y procedi- mientos digitales entre las distintas fases del proceso constructivo y los agentes que intervienen en él. • necesitamos una metodología estricta que defina criterios claros para recopilar, ordenar y tratar la información recopilada y/o generada junto con protocolos para cómo compartirla