conocida, creyendo que bajo sus pies el espacio “solo” se dedica al transporte, conducciones de agua y otros suministros. Aunque lo cierto es que el subsuelo está ganando valor para el desarrollo urbano. Podría definirse como construcción subterránea aquella que implica la adaptación y el uso de los espa- cios bajo tierra, aprovechando las particulares condicio- nes ambientales, como las temperaturas más estables que en la superficie, para proporcionar refugio al hom- bre. Un refugio que, además de vivienda, se ha utilizado como almacén y lugar de culto. Por eso, no se trata úni- camente de excavar un agujero, sino que hay que tener en cuenta aspectos como la estabilidad del suelo, la hu- medad, la ventilación, la iluminación o la inercia térmica. A lo largo de la historia, se suceden muchos ejemplos de construcciones de este tipo. En la antigua Mesopota- mia, se excavaba el suelo para construir almacenes para vino y alimentos, así como grandes cisternas de agua. En Roma, además de algunos acueductos subterráneos, el suelo se horadaba para construir catacumbas; y en la Edad Media, muchos castillos contaban con pasadi- zos y mazmorras. Así hasta llegar al siglo XX, cuando © Gablokhin/Getty Images La Red Peatonal Subterránea de Montreal. © Walter Bibikow /Getty Images El Path de Toronto. © Alessandro Rampazzo/AFP/Getty Images Equipamientos deportivos bajo tierra de Helsinki. © Anadolu/Getty Images Parking de bicicletas de Ámsterdam. © Bettmann/Getty Images Búnkers utilizados para protegerse de los ataques militares de la guerra. © Dan Kitwood/Getty Images Bajo tierra en tiempos de paz, se pueden cultivar vegetales (en Londres).